Breve reflexión acerca del atentado terrorista en Barcelona y Cambrils.
Tiene sentido, es humano, ensalzar la figura del mosso d’esquadra [1] que abatió a cuatro de los terroristas que a todas luces, ebrios de odio y sed de sangre, tenían intención de proseguir su innombrable ataque a sujetos anónimos. La aparente ausencia, no de cuestionamiento (no hay lugar para eso en un momento de horror así), sino de interrogación razonada sobre la clase de respuesta que las fuerzas policiales o militares armadas precisarían dar idealmente a la violencia desatada en un momento de urgencia real llama la atención.
Para mí, es claro que no hay razón posible para cuestionar la acción de este agente de las fuerzas del orden.






